martes, diciembre 26, 2006

The other woman

But the other woman will always cry herself to sleep
The other woman will never have his love to keep
And as the years go by the other woman
will spend her life alone

Esto sí que es tortuoso. Depresión + Nina Simone un lunes a la noche. Pero qué bueno que es sentirse así y no saberse un autómata.

martes, diciembre 12, 2006

You only live twice

Or so it seems
One life for yourself and one for your dreams

Dejé el blog abandonado por unos días. Necesitaba tiempo para arreglar mi cabeza. Pasó demasiado en muy poco tiempo. Demasiado y muy intenso. Estoy absolutamente confundida, no entiendo lo que figura mi cabeza. Ayer me levanté con angina. Todo el día tirada, mirando películas, vi Frances y Muñecas rusas. Falté al colegio de pajera. I can´t face it. You suck.

lunes, diciembre 04, 2006

*

De vez en cuando uno descubre buenos temas entre cds viejos. Por ejemplo, Fallen for you en el soundtrack de Alta fidelidad y Let´s go away for a while en Pet Sounds.

sábado, diciembre 02, 2006

oh-oh-oh

Encontré un sujeto único en el planeta al que le gustaron mis pies. No dejó de mirarlos en toda la noche. Era zapatero, claro. Lo conocí ayer y una de las primeras preguntas que me hizo fue cuánto calzaba. Yo le decía que no me gustaban mis pies porque eran demasiado flacos y largos y él me decía: ´´el pie flaco es el mejor...´´ (hablaba con una seriedad profesional incuestionable). Cuando me presentaba a sus amigos, les decía que yo era Ana y que mis zapatos eran de Sudáfrica.
Me hizo acordar a un cuento que escribí hace mucho:

`` ...Y entonces, en ese instante, se dedicaba a hacer lo mismo de siempre: empezaba elogiando o haciendo algún comentario sobre los zapatos que la persona tenía puestos. Después, le pedía de buenas maneras que se sacara el zapato para mostrárselo (esta acción la repetía tantas veces como fuera necesario, hasta el hartazgo). Finalmente, cuando tenía el zapato entre sus manos, se mostraba sorprendido por alguna característica del pie de la persona y se inclinaba para tomarlo en sus manos. Una vez que lo conseguía, comenzaba a darle un masaje de pies y hasta ahí llegaba generalmente porque la gente huía despavorida gritándole que era un viejo depravado. Pero los que realmente conocían a Gervasio, sabían que sus intenciones eran las mejores. Algunos, incluso, se dejaban masajear por él, sólo para darle el gusto.

A Margarita la conoció en un café, un día de verano, de esos en los que todas las mujeres salen con sandalias a la calle. El calzado de Margarita era algo extravagante: unas sandalias de un tono dorado que se transformaba en verde según cómo le diera la luz, que tenían una hebilla roja con forma de un minotauro con dos piedras celestes que ocupaban el lugar de los ojos. El taco era alto y plateado y alrededor de él se enroscaban hilos que parecían serpientes, que al llegar a la altura del tobillo se convertían en cintas finas de terciopelo marrón que envolvían el tobillo hasta la altura de los gemelos. Cuando Margarita entró al bar donde Gervasio tomaba un whisky, él no pudo dejar de mirar cómo los pies avanzaban, paso tras paso, hasta que por fin se posaron sobre un adoquín rojo en el que se apoyaba, también, la pata de una mesa junto a la ventana.
De a poco, Gervasio fue examinando el cuerpo entero de la mujer: estatura mediana, pelo largo y negro y una cara poco llamativa. ´´Nada del otro mundo´´, pensó, pero sus pies eran la síntesis de todo lo que había buscado desde chico: los dedos largos y finos, las uñas prolijas y pintadas de rojo, en contraste con la palidez de una piel que remarcaba las venas verdes y violetas. A Gervasio este espectáculo le produjo un salto en el corazón y, cuando tomó coraje, acercó una silla a la mesa donde ella se encontraba charlando con sus amigas y se sentó. Sin presentarse ni pedir permiso, tomó el pie derecho de Margarita entre sus manos y lo apoyó en su regazo. Acto seguido, comenzó a sacarle los zapatos de forma lenta, como lo había visto en una película, mientras Margarita miraba todo petrificada y las amigas emitían unas risas nerviosas. Una vez que los zapatos estaban en el piso, Gervasio dijo ´´madmuasel´´ y empezó a masajear los delicados pies de Margarita. Al principio, ella se enojó e intentó zafarse de aquel desquiciado, pero luego la situación el causó mucha gracia y empezó a reírse como loca y finalmente, descubrió que nunca nadie le había dado un masaje de pies como ese y se sintió estallar de felicidad. ´´Hay dos concepciones acerca de los pies´´, dijo Gervasio: ´´ O bien los encuentra repulsivos, o bien resultan indiferentes. La gente no se da cuenta de lo importantes que son los pies para el funcionamiento humano.´´ Las amigas, indignadas por la desvergüenza de Margarita, se levantaron y se fueron. Gervasio se concentraba cada vez más en el masaje, volviéndolo una cosa violenta y primitiva. La cara de Gervasio de a poco se fue transformando hasta parecer una fiera: apretaba los pies de Margarita con toda su fuerza, se los llevaba a la boca y los mordía, mientras chorreaba la saliva por los costados de la boca. Margarita tenía toda la cara deformada por la felicidad, se reía, gritaba y aullaba como un perro, espantando a la gente del bar. Los clientes empezaron a irse: algunos pagaron sus cuentas y esperaron ansiosos para retirarse discretamente; otros no aguantaron el espectáculo que tenían ante sus ojos y huyeron corriendo del bar, tropezándose con las mesas, sin siquiera pagar la cuenta. Los mozos también, aterrados ante la idea de que el salvaje fuera hacia ellos, hacia sus pies cansados de tanto trabajar, empezaron a correr.


Unos minutos después, el bar estaba desierto. Gervasio todavía conservaba los pies de Margarita en su boca llena de sangre pero ahora se había calmado un poco. Apoyó los pies en un banquito, se levantó y volvió con una botella de vodka y un rollo de papel higiénico para curar las heridas. Dejando de lado toda delicadeza, volcó el alcohol en los pies de su compañera, que lanzó un grito que provocó que algunas copas estallaran. Finalmente, secó los pies con el papel higiénico y se sentó. Se miraron un rato largo. Sin decir una palabra, Gervasio se incorporó y con un gran esfuerzo levantó a Margarita de su asiento y se la llevó en los brazos hasta la calle. Tomaron un taxi hasta la casa de Gervasio y a partir de ese momento comenzó una relación que duró tres meses y que se caracterizó porque, en este tiempo, no intercambiaron ninguna palabra... ´´