jueves, diciembre 27, 2007

Ausente con aviso



Tengo un look blanco teta, brazos de fideo, un flequillo cortado en escalera que no tiene arreglo, un libro de Wodehouse y los microgramas de Walser en la mochila, un cuaderno en blanco para dibujar y anotar mis ocurrencias, tres bikinis (una roja), shorts de todos los colores, un toallón floreado que me gané en el sorteo de fin de año del trabajo, anteojos de sol retro, un pañuelo violeta para la cabeza, un vestido negro de fiesta, zapatos y un bolso con los rollers. Y así, sin más, me voy a pasar año nuevo afuera con unos amigos.
Hasta entonces.

Nonsense sin sentido

Debería plantearme todo el tema de que me gusten los hombres mucho más grandes que yo pero no tengo ganas. Soy complicada. "Jodida me saliste", diría mi madre. Soy como Seinfeld cuando deja a una mujer por tener las manos demasiado grandes, a todo le encuentro un defecto. Por ejemplo, el baño de su casa es un revival del baño de mi abuela. Me hace acordar a la escena de Laberinto donde la protagonista entra a un cuarto en el medio del bosque que es igual al suyo. Cuando me quedo sola en su casa, siento que la casa es más su casa que nunca y que no hay nada mío ahí. Soy como una intrusa en el medio de la presencia / ausencia de él en su propio lugar. Pienso en el cartel de Rodolfo Cristales que tanto llamaba mi atención de chica, apenas cruzábamos la vía, por Paternal. Julia me dice: "No sé si me gusta, Ana, habla muy bajito y no lo escucho". Alan se queja: "No es fea pero es chiquita de cuello". Whatever. Mi madre está obstinada en engancharme con Sebi, mi compañerito de Sala dos del jardín de infantes. Se lo encontró por la calle el otro día y desde entonces no para de hablar de él. Sebi era el más lindo de la sala. Sebi tenía el pelo rubio, lacio y un corte taza que le quedaba muy bien. Todas las nenas estaban enamoradas de Sebi. No tengo muchos recuerdos de esa época, salvo que me encantaba comer la plastilina. Tengo la imagen de estar esperando a que la maestra se diera vuelta para morder la bola de plastilina roja. Era tan rica, como salada. Pero bueno, Sebi creció. Sebi es un divino, pero es un bagayex. Tiene granos y una nariz demasiado grande. Sebi no es mi tipo. No sé cuál es mi tipo pero Sebi, definitivamente, no lo es. Y dicho esto me retiro a tomar mate y a comer pan dulce.

miércoles, diciembre 26, 2007

Reflexión mientras como pan dulce

Noto que mi chico se parece mucho a mi ex novio en su apariencia física. No soy la única que lo observa, mis amigas ya me lo han dicho y sus novios también. Es alarmante porque es como si fueran la misma persona pero uno con rulos y el otro con alisado permanente. Los dos tienen mucho pelo y muy oscuro. Una estatura similar. Las mismas facciones. La misma cara de niños. Carácter tranquilo. No sé. Acá es donde me planteo que en realidad uno busca siempre lo mismo a lo largo de su vida, pero en versión Beta.

martes, diciembre 25, 2007

Felis nabidat

Nunca disfruté de la cena del 24 a la noche. Como soy hija única y mis primos son mucho más grandes o mucho más chicos que yo, siempre me aburría para Navidad. Cuando era chica a mi padre siempre le tocaba viajar para fin de año y entonces con mi mamá nos íbamos también, para estar con él. Me acuerdo de que festejábamos con conocidos de mi papá y a mí me sentaban en una mesa larga llena de niños que nunca en mi vida había visto. Yo me ubicaba en un rincón para no hablar con nadie pero enseguida venía mi madre a fomentar el diálogo. Hoy día, si bien no tengo que enfrentar situaciones de ese tipo, las fiestas se me hacen interminables. Empiezan el 24 a la tarde yendo a Castelar a ver a mi abuelo y terminan en Ramos Mejía a altas horas de la noche.

Ayer, apenas vi a mi madre acercarse con una bolsa en la mano, supe lo que era: la bombacha rosa. Mi madre siempre se pone histérica en las celebraciones y extremadamente sensible. Así que acepté el regalo sin chistar, metí el Biogrip en la cartera y me resigné. La primera parada fue Castelar, donde mi tío me recriminó que nunca me pudo llevar al circo y me mostró su colección de maquetas de autos y su condecoración de Malvinas. Después me recomendó que abandonara a cualquier candidato que no pagara todo en la primera cita y dijo que la gente de veinte años no piensa sino que actúa de la cintura para abajo, a lo que mi padre respondió que el problema era que yo pensaba demasiado (sic).

Acto seguido, nos fuimos todos para la casa de mi abuela. Llegamos a las nueve y el asador todavía no estaba. A mí me delegaron la preparación de ensaldas. Mi abuela quería empezar a repartir los regalos y tuvimos que frenarla. Uno de mis tíos contaba sus estrategias para conquistar muchachas veinte años menores que él. Mi tía abuela, a quien veo una vez al año, me dio una colonia para regalarle mi ex novio. "Pero, ¿cómo? ¡¿Se pelearon?!", parecía no entender.

Recién a eso de las once nos sentamos a comer así que para las doce teníamos todos una mezcla importante de comida en el estómago. Mi padre contaba vida y obra de Malcolm X. Mi abuela materna le gritaba a través de la mesa que era un personaje y me decía al oído "tu papá es hermoso". Mis primos grandes se quedaron sólo veinte minutos porque tenían que ir a tocar a la capital. Yo me quedé en la casa. Mi primo más chico había comprado un arsenal de pirotecnia. Mi abuelo propuso un brindis por la salud y mi primo gritó "¡Salud y rocanrol!" Mi abuela contaba los muertos del año. Mi tío preferido relataba anécdotas de cuando Oscar Alemán tocaba en el club de su barrio. Mi tía se quejaba de que yo estaba muy flaca e insistía en que probara el pionono. Mi amiga me mandaba mensajes diciendo "¡A estrenar bombacha rosa! No estoy depilada y no me importa nada", en alusión a un chiste nuestro que se basa en imitar la conducta de Iorio durante las entrevistas. Después me decía: "¡Me compré unas tangas locas en Once que la rompen!" Mi mejor amigo me escribía: "Ojalá que Papá Noel te traiga un chongo que realmente valga la pena."

Pero Papá Noel no me trajo eso sino otras cosas, entre ellas dos bombachas rosas y un camisón blanco muy gracioso que me regaló mi abuela. Parece el traje de baño que usaba Niní Marshall para ir a Mar del Plata en los años '20. Es tan ridículo que me gusta. Mi madre se emocionó con sus regalos y me abrazaba. Nos despedimos tarde, con promesas de volver al día siguiente que no se cumplieron. Cuando llegué a la capital, me fui a lo una amiga. Saqué fotos.










lunes, diciembre 24, 2007

Dios (la saga)

¡Me olvidé de que tenía que ir al psicólogo!

Dios (bis)

En un ataque de ansiedad, me comí todos los chocolates que mi madre le compró a mi tía Susi.

Dios



Labels: Globos de helio

domingo, diciembre 23, 2007

Repetido

De chica pensaba que la canción de Rambo decía "Rambo, fuerza fría" en vez de "Rambo, the force of freedom".

Así.

Mi brazo dormido a medias

La médica era hippie y me dijo: "Cuando el cuerpo dice basta, no hay que empastillarse. Hay que parar". Y yo no podía parar porque tenía tres planes: ir a ver a uno (no1), ir a ver a dos (no2) o quedarme en mi casa descansando y mirando una película. En otra época me hubiera quedado en casa llorando por el número tres (no3) y en otra, completamente opuesta, hubiera acudido al encuentro de uno y después de dos. Sin embargo, esta vez me decidí por el número uno. De casualidad me encontré con Nacho el otro día. "¿El tonto o el aburrido?", pregunta mi amiga. "El tonto", le respondo. Igual el problema no era ése; no, eso hubiera estado bien incluso, pero este flaco besaba mal, como un sacado y de manera bruta, exagerada. Me mordía todo el tiempo la boca y me lastimaba. Encima yo se lo decía y era tragicómico. Lo vi tres veces y después no lo vi más. El pico de mi felicidad llegó el día en que apareció él -no él sino el otro él- en una fiesta, vestido de Papa Noel. Festejamos. Había olor a arena y mar. Economía de palabras. Me molesta eso de tener que sacarle todo con una soga. Me dice: "Igual no pienso en vos, eh". A Julia le molesta que su chico sea ligeramente encorbado. Me quiso mandar un mensaje que decía "¡Boluda, tiene diez kilos más que la última vez que lo vi!" Pero no me lo mandó a mí. Se lo mandó a Alan, el pibe. Igual se pusieron a salir. Siempre hay un "pero". Cada persona es distinta. Por ejemplo, un día de verano, lluvioso como hoy, estábamos en la casa de T y se le ocurrió preparar brownies. Fuimos al supermercado, volvimos, hicimos la mezcla, la espolvoreamos y llamamos a algunas personas más. Él comió tres brownies. Yo comí dos. A la media hora no tenía memoria a corto plazo. Era como en Memento, no recordaba lo que había hecho cinco minutos antes. Estábamos todos con un ataque de risa. Más tarde, se calmaron los ánimos. Julia se puso a dibujar. Los chicos tocaban la guitarra. Era un mambo raro. Salí al jardín y me reía de la forma de los árboles. Me senté en un banquito y pensaba millones de cosas que me parecían súper lúcidas e inteligentes. Quise anotar todo lo que se me ocurría pero sentía que se me escapaban los pensamientos porque la cabeza laburaba a mil revoluciones. No tenía noción del tiempo así que no sé si estuve cinco o cuarenta minutos sentada ahí. El efecto duró todo el día, a la noche seguía hecha una zombie y sentía que las cosas se movían de lugar. Me acosté en el sillón del living a ver Todo Noticias. Al final me tuve que quedar a dormir en la casa. Me acuerdo de que ese mismo día, horas antes, un taxista me había comentado lo feo que le parecía el nombre de mi cuadra.

viernes, diciembre 21, 2007

Carezco de poder de decisión

yo: no puedo salir hoy al final.
él: no. a las diez te paso a buscar.
yo: bueno.

jueves, diciembre 20, 2007

Viaje censurado

Si me decís L'eau par Kenzo te digo "Cataratas". No es nada nuevo eso de que cada perfume remite a la imagen de un lugar o de una situación específica. Para mí esa fragancia es igual a decir "viaje de estudios" a los quince años, con el colegio. Me acuerdo del trayecto en el micro. Yo me sentaba con Gaby y habíamos hecho caricaturas de todos los varones del curso en versión femenina. Interminables partidas de truco, escuchando Dookie una y otra vez, cambios de asiento cada dos horas y el contraste entre las petacas de licor escondidas en las valijas y los muñecos de peluche que llevábamos en las mochilas. En el único momento en que me pude dormir, me despertó el grito de una amiga que decía "¡Chicos, El Palmar!", mientras pasábamos por un lugar que claramente no era El Palmar sino alguna vegetación típica del clima subtropical sin estación seca.

A la noche hicimos una parada en una ciudad chica de Corrientes y nos alojamos en un hotel del lugar. Durante el viaje nos acompañaba la hija de la directora del colegio, nerviosa y asmática de veintiocho años, y nuestro profesor de Educación Cívica, Sergio. Esa noche fuimos a dar una vuelta por el centro y nos reíamos al ver carteles por todos lados que decían "Prohibido usar CeCaCor" porque no sabíamos lo que era. Al día siguiente, seguimos el viaje y finalmente llegamos a Foz do Iguaçu, Brasil. El hotel era muy sencillo y estaba lleno de jubilados que se juntaban todas las tardes en el hall a jugar a las cartas. En el pasillo se paseaba un hombre con un cartel colgado del cuello que decía "Bombacha en promoción" (en portugués).

Con mis compañeras hicimos un sorteo y nos dividimos en dos cuartos. En la puerta de nuestra habitación habíamos colgado una toallita Siempre Libre que decía "Bienvenidos", escrito con marcador rojo. Esa noche me quedé despierta con Gaby y nos dedicamos a pintar con maquillaje a las otras dos chicas que dormían en sus camas. Me acuerdo de que pusimos el televisor en mute, y jugábamos a doblar las voces de los actores y conductores, entre ellos la de Jorge Lanata. Después nos fuimos al baño con un cuaderno, una botella de agua de 500 ml y un paquete de cigarrillos. Le hicimos un agujero a la botella y pusimos el cigarrillo ahí para fumar del pico. Jugábamos a que estábamos en una clase de educación sexual y hacíamos dibujos del cuerpo humano en el block. Todavía tengo ese cuaderno.
Escribimos.palabras.sueltas.como "banana", "masturbación", "prepucio", "poronga" y frases como "el sexo oral es sano". Lo que quiero mostrar con todo esto es que las adolescentes sólo piensan en una cosa. Y los hombres, bueno, esa edad es tan fea. Están llenos de granos y un bigote que no llega a ser bigote sino una pelusa horrible. Lo que pasa es que en esa época venía un sexólogo al colegio a darnos charlas y teníamos las hormonas por las nubes. El tipo era el padre de un alumno y la anécdota cuenta que un compañero le preguntó si el sexo oral era "sano" y él dijo: "No sé si es sano pero es muy placentero".

Retomo. Al día siguiente fuimos a la represa de Itaipú, increíble, y también paramos en una mina donde nos sacamos una foto memorable con unos cascos amarillos, que al día de hoy sigue colgada en el segundo piso del colegio. A la noche, de vuelta en el hotel y mientras todos los profesores dormían, nos escapamos al cuarto de los varones. Como era la última noche, buscamos las petacas escondidas entre la ropa y nos pusimos a tomar. El tema es que todos empezaron a hacer mucho ruido, éramos como quince adentro de un cuarto, y la hija de la directora se despertó. Cuando entró al cuarto y vio el alcohol, se puso loca y le agarró un ataque de asma. Fue horrible, respiraba agitada y quería gritar pero no podía. Los chicos se morían de risa. La mina no sabía cómo manejar la situación. A las mujeres nos hizo volver al cuarto y no nos enteramos de nada. Recién a la mañana siguiente supimos que había llamado a un médico porque uno de los chicos estaba muy en pedo y le habían dado una inyección.

El regreso fue un garrón. Nosotras, como siempre, nos hicimos las boludas y zafamos pero a los pibes les esperaba lo peor. Con el micro hicimos una parada en una estación de servicio para comer. Me acuerdo de que cuando arrancamos de vuelta, después de veinte minutos de andar por la ruta, alguien dijo "¿Dónde está Gastón?" Volvimos. Gastón, un compañero, estaba sentado en un banco de la estación de servicio y esperaba en silencio, resignado. Ese fue nuestro último viaje de estudios. El tema es que a Gaby le habían regalado el L'eau par Kenzo hace poco y se lo ponía todas las noches. Y por eso ahora, cada vez que huelo ese perfume, me acuerdo del viaje a Cataratas.

miércoles, diciembre 19, 2007

En otro orden de las cosas

Tengo una sobredosis de su vida.

Summertime

I'm going back some day come what may to Blue Bayou
Where you sleep all day and the catfish play on Blue Bayou
All those fishing boats with their sails afloat
If I could only see that familiar sunrise through sleepy eyes
How happy I'd be


I'll never be blue, my dreams come true on Blue Bayou

martes, diciembre 18, 2007

La venganza del hombre rana

Un jardín inútil

Empecé mis vacaciones académicas pero todavía estoy desencajada y necesito dormir mucho. Por fin vencí mi terror a esta materia de mierda y me presenté a rendirla. Ayer a la noche, en pleno intento de incorporar por ósmosis los últimos textos, se cortó la luz. Parecía un chiste. Estaba esperando a que se presentara todo el equipo de la cátedra en la puerta de mi casa y me dijeran "¡Era una joda, tontita!" mientras me firmaban un diez en la libreta, me eximían de la instancia de final y me daban palmadas en la espalda.

Hoy llegué dos horas antes a la facultad y por única vez en la vida rendí primera. Antes fui a un bar a estudiar, donde me encontré con una compañera a la que secretamente llamo Marsha Brady, y nos pusimos a repasar juntas. Cuando estudio y tengo que leer doscientos mil textos, me doy cuenta de que es mentira eso de que los apellidos son unisex. Hay apellidos que son de mujer y otros son claramente de hombre. Tal es así que después me escucho diciendo "La autora plantea que..." y Marsha me corrige "El autor". Pero bueno, otro tema. Una vez pasado y aprobado el examen, en mi casa, llamé a mi madre, quien celebró y me aconsejó "tomarme un whisky".
*
El fin de semana tuve la fiesta de fin de año de danza en una terraza llena de enredaderas. En el medio había una mesa donde, en vez de maní y papas fritas, alguien había puesto una sandía cortada en rodajas y trozos de zanahoria. Ojo, alcohol no faltó, pero fue muy gracioso ver a todos bailando con zanahorias en la mano. Después fui a un cumpleaños en un bar de lo más feo, decorado como si fuera el camarote de un barco, con escaleras y sogas que colgaban del techo. Había un escenario y tres hombres muy borrachos cantando temas de cumbia mientras un cuarto integrante tocaba la pandereta.

La cumpleañera decidió que nos teníamos que ir de ahí pero se equivocó una vez más en su elección y terminamos en un bar para cuarentones, extranjeros y gays (todo junto). Un garrón. No por la gente en sí, no quiero parecer intolerante, pero es que este tipo de escenas se vienen repitiendo todos los putos fines de semana de mi vida. Y me cansé. Así que chito la boca. No pienso darle más vueltas al asunto pero Sex and the City me tiene saturada. Quiero que mi vida vuelva a ser lo que era antes. Por lo menos me divertí aprendiendo tácticas de levante en el ámbito. Igual, sin duda, lo mejor de la noche fue cuando el tachero que me llevaba a casa se dio vuelta y me dijo: "Disculpe, ¿un rubio?" mientras me ofrecía un cigarrillo y se acomodaba el pelo gris hacia el costado.

lunes, diciembre 17, 2007

En busca del hombre pulpo

Hace poco caí en la cuenta de que en el verano tengo una fijación bastante rara. Con frecuencia me descubro mirándole los pies a las personas que están en sandalias y ojotas con el fin de descubrir si tienen seis dedos. Es una estupidez pero no puedo evitar hacerlo. En realidad, es algo que tengo incorporado desde hace mucho aunque no sé bien en qué momento empezó. Cuando voy a un bar o viajo en subte busco los pies de la gente y empiezo uno, dos, tres, cuatro... cinco. Y suspiro aliviada.

Siempre tuve muchas manías. De chica me imponía metas absurdas porque sí, como no comer chocolate durante un mes, no dormir mirando hacia la pared o no usar el ascensor. Hubo una época, por ejemplo, en la que tenía que tocar las cosas tres veces intercalando la mano derecha con la izquierda. Entonces si tocaba un objeto con la derecha, después tenía que hacerlo con la izquierda y una vez más con la derecha. También me acuerdo de que me daba impresión que la gente tocara la pared de cierta manera y estaba obsesionada con no pisar los bordes de las baldosas cuando caminaba por la calle. Creo que todo el mundo pasó por esta etapa obsesiva, pero hay distintos niveles. Lo mío era cuestión de vida o muerte. No podía tocar las rayas de las baldosas y punto. No me lo cuestionaba y tampoco había chances de evitarlo. Había que resignarse y entregarse al capricho.

Con el tiempo, la obsesión con hacer las cosas tres veces se volvió esclavizante. En la peor etapa ya ni siquiera podía probar un solo sorbo de agua sino que me veía obligada a tomar tres. Y con las baldosas me pasaba lo mismo. Me acuerdo de un verano que pasamos en una quinta donde a la noche tenía que atravesar la cocina para ir al baño. Me despertaba a las tres o cuatro de la mañana para hacer pis y tenía que esperar a que los ojos se acostumbraran a la oscuridad para poder ver con claridad el piso de cerámica y no pisar el lugar equivocado. Llegó un momento en el que me empezó a poner de mal humor el ritual. Me quedaba parada en la puerta de la cocina, descalza y en camisón, hasta que empezaba a ver algo y podía caminar. Un día me cansé y decidí cruzar pisando las líneas. Pero al llegar al baño me sentí tan mal que tuve que retroceder y hacer el camino inverso respetando las reglas.

Creo que fue cuando terminó ese verano que abandoné la obsesión de las baldosas. En el departamento en la capital no podía hacerlo porque las maderas del piso eran muy finitas y estaban pegadas una al lado de la otra, al igual que el mosaico de la cocina. Así que me limitaba a seguir haciéndolo en la calle, cuando veía baldosas grandes. Después, no sé cómo, un día abandoné el hábito. Ahora que lo pienso fue un alivio, porque el juego se había convertido en algo tortuoso. Pero por otra parte extraño esas manías. O bien, lo que extraño es el hecho de establecer vínculos tan fuertes y a la vez tan simples con los objetos.

domingo, diciembre 16, 2007

Las ruinas circulares

Temporada de patos. Temporada de despedidas.


viernes, diciembre 14, 2007

Fue lo que llegaba

"Esto implica que se acabe con las desviaciones que producen la sensación de que Saatchi & Saatchi sustituyeron a Gramsci en el rango de las figuras fascinantes". Así terminó el último texto que me había programado estudiar a la tarde. Después pedí la cuenta. La chica preguntó si me había podido concentrar y le dije que sí. Guardé las cosas en la mochila y me fui del bar. Me puse los auriculares y Let's go away for a while con Pet Sounds. Fiel a mi absurda condición femenina, decidí romper con el encuadre materialista-histórico y pasar por un negocio a probarme un vestido que había fichado la semana anterior. Caminé hasta el local, me lo probé y, evidentemente, el vestido también me había fichado a mí. Como dice Julia: "Mucha frivolidad pero a mí cada tanto me gusta comprar una pilchita" (sic). Jamás me importó tener otros dos vestidos del mismo color. Pensé que se podía ver muy bien con unos zuecos altos o, por qué no, con unos Doc Martens (en el supuesto caso de tenerlos). Como si esto fuera poco, me dije a mí misma que no me venía nada mal comprar un par de medias de red nuevas, así que entré a una lencería.

Salí del local con mis medias y, todavía con ánimo de consumir, pasé por una librería, en la que me compré el libro sobre Kafka que ilustró Crumb. El tema es que me quedé sin un mango partido al medio. Quería volver en taxi pero realmente no me alcanzaba la plata. Los cálculos económicos se borran de mi cabeza en el momento de la compra. Emprendí la vuelta a casa caminando, con una variedad de elementos tan diversos entre sí como la bolsita de la lencería, el vestido bobo y el libro de Kafka.

Estaba parada en una esquina esperando a que cortara el semáforo cuando, de la nada, apareció él, con su metro noventa, su bolso a rayas cruzado y su MacBook. Sí, él: el Don Juan Tenorio de junio. Se acercó a saludar. Empecé a sentir palpitaciones. O sea, ¿palpitaciones? ¿Desde cuándo? Me dijo que estaba esperando a una clienta y señaló una mesa en la parte de afuera de un bar. Y bueno, yo, ahí, con mi deplorable estado pre-examen. Hacía meses que no lo veía. Lo curioso fue que justo en la librería me había atendido un tipo que me hizo acordar a él porque tenía los ojos medio achinados y la misma forma de la nariz; una nariz que, si bien es chica, es muy geométrica, como si alguien la hubiera dibujado de un trazo con dos líneas rectas. De no ser por ese episodio, nunca me acuerdo de él. La gente aparece en los lugares menos pensados. Y en el momento menos oportuno, claro. Hablamos un rato. Me contó que se la pasaba dibujando tarjetas de Navidad y que se iba de vacaciones a la costa. Me preguntó por mi trabajo y mis planes para el verano. Después lo saludé, él se despidió con una frase medio ridícula, algo así como "¡A empezar con fuerza el 2008!" y yo seguí mi camino. Exactamente a las siete y media de la mañana del día siguiente, cuando sonó el despertador, me acordé de que le debía algunos discos, tres películas, un par de medias azules de Levi's y una publicación del Di Tella que me había prestado. En ese momento, en cambio, seguí caminando y alejándome sin pensar en nada, o pensando en cinco personas no muy conocidas que aparecen con frecuencia en mis sueños pero que nunca se enteran.

Identikit:

Confesionario

Si hay algo que me fascina es todo el tema de los villancicos navideños. Me gusta cantarlos en la ducha, por ejemplo. Por otra parte, siempre me atrajeron los hombres que cantan sin pudor alguno y tararean melodías mientras realizan sus quehaceres diarios. En la ducha también me gusta cantar "In the Chapel in the Moonlight" de Dean Martin o temas del Barbershop Quartet. Sin comentarios. Una vez vino un yanqui al trabajo, de Carolina del Norte, a hacer una nota sobre la navidad sudaca. Después escribió un artículo donde me citaba como fuente autorizada y yo decía frases tan irrelevantes como "The cork is dangerous" o "Here we say Papá Noel". El chico parecía no entender que, en el imaginario colectivo argentino, Santa Claus también aparece vestido con mucho abrigo, por más que los festejos sean en verano.

Collage: "La Navidad del Señor Thompson"




pd: también me gusta la decoración de negocios y casas con motivos navideños.

jueves, diciembre 13, 2007

Off the record

Frases célebres de los teóricos desgrabados:

—No es lo mismo decirle a alguien "sos adicto al chocolate" o "sos adicto a ese perfume" que decirle "sos un adicto a las películas de ciencia ficción". O, peor, decirle "sos adicto a las películas románticas de Hollywood". Estamos todo día pendiente de chocolates y de películas románticas. Es lógico. Es lo que llamaríamos "un idiota".
—Es como entrar en el túnel del tiempo. ¿Alguna vez vieron esa serie? Es fascinante. Si no la vieron me suicido acá. Bueno, no la vieron. Me suicido acá.
—A un tipo que viene dos meses con la misma ropa nadie le dice nada pero una chica genera más comentarios. Cuando uno convive se da cuenta, y eso que todas mis novias fueron medio bolches.
—Si nosotros cuando estamos con un chica pensamos "ahora estamos acá, solos, haciendo el amor, nadie nos ve, nadie nos controla, nadie nos influye, no lo hacemos por una razón mercantil". Y entonces viene un tipo y dice no, ahí también entra en juego el poder. Carajo.
—A la gente le gusta Arjona porque toca temas profundos y hace pensar en situaciones personales, como en una película. Pero es berreta, es una mierda. Si yo me acabo de separar y escucho a Arjona, me voy a acordar de ella. Y después cuando me reconcilio, nuestra canción va a ser la de Arjona. Y así nos sumamos a los diez mil pelotudos que van a verlo.
—Pocas cosas me resultaban más cómicas que las preguntas de Silvio Soldán a los chicos de la secundaria. Es fascinante, no saben nada. Y si los concursantes son tan ignorantes, ¡cómo deben ser aquellos a los que les dijeron: "No vaya, González, que usted es muy bruto"!
—Hay gente que dice "yo me llevo bien con todas mis ex parejas". Es un acto de inmadurez.
—Es como las despedidas de soltero. Vos primero tirás una miguita de pan y después otra, y después tirás un pedazo de pan, después tirás una servilleta, un vaso, un sifón...
—Pensemos en una persona que llama a un programa de radio para decir "los quiero". Qué grado de imbecibilidad. Es verdad, capaz si vos estás enfermo y estás en la cama, escuchás la radio. Es lo mismo que el pastor a la noche. Vos no tenés con quien hablar y el tipo te dice "bueno, dale, charlemos". [Digresión: Hice un gesto antiguo para hablar por teléfono (hace gesto circular para discar un teléfono Entel). Fin de la digresión.]
—Profesor: A ver, hagamos una cosa. Si están viendo Amas de casa deseperadas y se ponen el chip de Semiótica, ¿qué dirían?
Alumna: Qué cagada.
Profesor: ¡No! ¡No! ¡Un acercamiento semiótico nunca diría eso!

miércoles, diciembre 12, 2007

Egocentrismo

Exagerada exaltación de la propia personalidad, hasta considerarla como centro de la atención y actividad generales.



Labels: Días de picnic

Filosofía barata

Un hombre entró a un negocio a comprar un par de botas de cuero. Como no encontró a nadie, se probó unas que le gustaban y llamó al vendedor a los gritos. Nadie le respondió así que se llevó las botas sin pagarlas. Esa noche tuvo una reunión importante y decidió estrenar sus botas nuevas. Todos los invitados se las elogiaron. Sin embargo, cuando el hombre regresó a su casa, intentó sacárselas y no pudo: estaban pegadas. Durante una semana, tuvo que dormir con las botas puestas y bañarse con ellas hasta que por fin fue a un carpintero para que se las cortara.

Enseñanza: La parábola nos muestra lo difícil que es vivir en el sistema capitalista.

El mantel lírico

Estábamos sentadas en un bar con un grupo de amigas cuando, de la nada, una preguntó: "¿Ustedes siguen teniendo amores platónicos?" Me mató la pregunta. En especial porque yo sí, y no sólo uno sino muchos. Claro que no se trata de ningún actor ni músico famoso, como en la adolescencia, sino de personas que me rodean y a lo mejor están casadas, lejos, o lo que sea, pero que siempre van a ser motores de otras búsquedas. Con las chicas nos acordábamos de una tarde, a la salida del colegio, en la que nos juntamos en la casa de una y preparamos una "caja para el futuro". Se trataba de una caja de empanadas a la que decoramos con papel de envolver y le pusimos una etiqueta que decía "No abrir hasta el 2020" o algo por ahí. Teníamos trece años. Adentro, cada una tenía que depositar una hoja en la que especificabas cómo te veías de grande, cómo querías perder la virginidad y con quién. Yo había elegido a un pibe de quinto año de mi colegio y como lugar había puesto una pileta. (?) Me acuerdo de que había que hacer un dibujo para ilustrar la situación. En el mío, yo estaba arriba de una colchoneta inflable y había indicado con flechas los movimientos del pibe, que se acercaba sigilosamente caminando a través del agua. Después tenías que anotar el nombre de una amiga a la que le darías un beso. Yo había elegido a mi amiga P y ella me había elegido a mí. Al final, todas leímos en voz alta lo que habíamos escrito y después hicimos una "promesa de baba", donde nos escupíamos ambas manos y las frotábamos con las del resto, mientras jurábamos no abrir la caja antes de tiempo.

Update: Colisión con un hombre-empanada en Cabildo y Lacroze.

martes, diciembre 11, 2007

Martha

Operator, number, please: it's been so many years
Will she remember my old voice while I fight the tears?
Hello, hello there, is this Martha? This is old Tom Frost,
And I am calling long distance, don't worry 'bout the cost.
'Cause it's been forty years or more, now Martha please recall,
Meet me out for coffee, where we'll talk about it all.

And I feel so much older now, and you're much older too,
How's your husband? And how's the kids? You know that I got married too?
Lucky that you found someone to make you feel secure,
'Cause we were all so young and foolish, now we are mature.

And those were the days of roses, poetry and prose
And Martha all I had was you and all you had was me.
There was no tomorrows, we'd packed away our sorrows
And we saved them for a rainy day.

And I was always so impulsive, I guess that I still am,
And all that really mattered then was that I was a man.
I guess that our being together was never meant to be.
And Martha, Martha, I love you can't you see?

And I remember quiet evenings trembling close to you.

Strange days indeed

El domingo no fui a trabajar y me hice la promesa de dedicarle el día al estudio. Como hacía calor y no quería encerrarme en casa, me puse lo primero que tenía a mano, me até el pelo en un rodete, guardé los módulos cuatro y cinco en la mochila y me fui a la Biblioteca Nacional, como en los viejos tiempos. Decidí ir al bar que está en el medio del parque. No había lugar afuera así que me senté en la parte de adentro. Cambié dos veces de mesa porque me daba el sol en la cara todo el tiempo. Al final, cuando ya estaba más o menos instalada, se desocupó una de las mesas de afuera así que salí. Me senté y bajé un poco la sombrilla para evitar el rayo del sol. El problema fue que la bajé demasiado, casi a la altura de mi cabeza, y cuando vino la moza a atenderme yo ni siquiera podía verle la cara de lo escondida que estaba. Ella se río y me ayudó a acomodarla. Me pedí una Ser Citrus (momento auspiciado por Ser) y empecé a estudiar en voz alta como de costumbre.

Atrás había un chico de no más de veinticinco años sentado con sus apuntes, al que por supuesto yo ya había fichado y viceversa. En eso se acercó una nena a vender flores y me dejó un ramo de jazmines sobre la mesa. Cuando lo pasó a buscar me preguntó: "¿No te gustan?" Y yo le dije: "Sí, pero son flores, me las tendría que regalar alguien". La nena se dio media vuelta y se fue. Al rato volvió con el ramo y me dijo: "Te las manda el chico de la mesa de atrás". Yo me reí, me di vuelta y le agradecí. El pibe me hizo un gesto con la cabeza como diciendo "no hay problema", a lo Alf.

Quise seguir estudiando pero era imposible concentrarme. Tenía ganas de darme vuelta y preguntarle al chico-que-regala-flores qué estaba leyendo, pero iba a quedar muy Leonora Balcarce, así que decidí concentrarme en lo mío. Como estaba de espaldas no lo veía, pero podía escuchar cómo movía las hojas y sentir el humo del cigarrillo y el ruido del encendedor. Al cabo de un rato, me levanté para ir al baño y le pedí que mirara mis cosas. Me volvió a hacer el gesto de "no hay problema" (una afirmación con la cabeza y un movimiento de brazo). Ahí pasé por la caja y aproveché para pagar. Al volver, agarré todas mis cosas y, sin darle demasiada vuelta, me fui, saludando al chico con un "chau" seco y sumando un episodio más a mi lista de historias sin concreción ni desenlace.

No sé, a lo mejor es cuestión de volver a la biblioteca y cruzármelo de nuevo. Cuando me iba, con los jazmines en la mano, me acordaba de cosas sin relevancia, por ejemplo del día en que se largó a llover a cántaros y Gaby me suplicó que la acompañara a bajar y subir las escaleras de la Biblioteca Nacional cinco veces. Más tarde, en mi casa, puse el ramo en un frasco de aceitunas vacío. Podría haberlo puesto en un lindo florero o bien haber tirado los jazmines a la basura pero decidí conservarlos. Me pareció que la imagen podía representar una metáfora muy trucha de esta etapa de mi vida o algo así. Sin embargo, por más que lo intente, nunca entiendo estas cosas, y ahora menos que nunca.

La prueba:

domingo, diciembre 09, 2007

I (heart) Kim Deal / Road Movies

Algunas cosas se olvidan enseguida

Es increíble lo que se puede sentir cuando uno, creyendo que podría empezar a caminar, se logra ver a sí mismo, pero más detenido que nunca.

El día empezó un tanto obsceno. Venía caminando por Sucre cuando, al llegar a la esquina de Vuelta de Obligado, un hombre joven, con un saco largo beige, anteojos de sol y pelo castaño recogido hacia atrás en una colita, detuvo la marcha, se llevó la mano al pantalón, se bajó la bragueta y así como si nada peló su miembro. No sé cómo ponerlo en tono sorprendido. Bueno, me salió como el orto, como si fuera cosa de todos los días esto de que los transeúntes nos enseñen sus partes íntimas, pero se entiende la idea, ¿no? Y yo, claro, seguí caminando a paso rápido, pero después me entré a cagar de risa. No estoy preparada para afrontar este tipo de situaciones, me dio gracia, miedo ni un poco, había bastante gente en la calle y era de día, pero ¿a quién se le ocurre? Cuando estaba en la primaria me pasó algo parecido con un chico más grande. Una tarde, a la salida del colegio, nos lo encontramos en una esquina con mis amigas y él se desabrochó los pantalones y abrió la ranura de los boxers, provocando que todas saliéramos disparadas mientras lanzábamos gritos agudos y las polleras tableadas subían y bajaban al ritmo del trote. El año pasado me encontré con ese chico en Mondo Bizarro. Tal como lo imaginé, estaba hecho un gil de goma.

Me escribe mi amigo Alan: "A veces no sé si reírme de tus andanzas, analaura, o preocuparme..." La segunda obscenidad (me cuesta escribir esta palabra, es como "Mississippi", que nunca supe cuántas letras dobles lleva), la segunda, entonces, fue encontrarme en el Festival fest (al decir de mi padre) con una pareja de treintañeros en sus casi cuarentas que una vez nos propusieron enfiestarnos con ellos a mi novio carilindo de aquél entonces y a mí. En ese momento rechacé la oferta sutilmente y huí de la casa donde estábamos de la mano del susodicho, llevándome dos alfajorcitos de chocolate de la heladera (es imprescindible tener víveres a la hora del escape). Ayer, durante el fugaz encuentro, charlamos un rato de esto y lo otro; me preguntaban qué andaba haciendo, dónde estaba viviendo, adónde me iba de vacaciones y demás. Cuando se hizo un silencio incómodo, cada uno siguió su camino.

El problema de salir con un carilindo medio limex es que a uno le llegan este tipo de propuestas de matrimonios aburridos en busca de carne fresca. El otro punto en contra de salir con un carilindo, y encima muy alto, es que la gente lo mira sólo a él por la calle. ¡Hasta los hombres lo miraban! Me sentía tan mal. Tengo un problema con los petisos, si un pibe mide menos de 1,80 mts. queda automáticamente descartado de mi lista. No me gusta que el hombre esté a mi altura, prefiero que sea alto y, en todo caso, subirme al cordón de la vereda para poder besarlo cómodamente. Pero además éste era tan lindo que me daban ganas de hacerle upa. "¡Ana!, los chicos más lindos que vi en mi vida están en la fiesta Bubamara", me escribe mi amiga. Y yo, claro, en el recital, lejos, con G.G. mandándome mensajes y que adónde estás, que no te veo, vos te estás escondiendo. Y yo agarro a las chicas y les digo: "¿Ustedes qué prefieren? ¿Comer o dormir?" Comer, dice una; dormir, dice la otra. Y yo sostengo que se puede comer sin haber dormido pero es difícil dormir con el estómago vacío. Me dan la rázón.

De todas formas, y para ir resumiendo, lo que quiero destacar es que ayer pude contemplar detenidamente a los dos integrantes de esta pareja de pervertidos que mencioné antes, y me di cuenta de que se los veía muy bien. Además estaban muy lindos.

sábado, diciembre 08, 2007

Crónica sentimental


Críptico

"Era muy bonito tener los poemas de Trilce en una libreta escolar. Casi se podría decir que era como poder tenerlos dentro de una cajita."

viernes, diciembre 07, 2007

Vintage


Cuestión del rojo este enojo del ojo

Siempre fui medio despistada. De chica pertenecía al grupo de los Niños que se Olvidan las Cosas en el Colegio y en el Campo de Deportes (NOCCCD). De nada servía que mi madre le cosiera etiquetas con mi apellido a toda la ropa del uniforme. De cualquier manera, me consuela saber que el resto de la gente es igual. Cada uno está en su mundo. En el subte, por ejemplo, siempre hay alguien que me pisa la parte de atrás de la sandalia cuando salgo del vagón o subo las escaleras. Por otro lado, creo que soy adicta a leer una letra entera en el diccionario. Cuando busco una palabra, siempre me distraigo leyendo el resto y a veces, incluso, leo todas las que empiezan con esa misma letra. Pero, ¿qué estoy diciendo? ¿Es relevante? Lo que quiero enfatizar es que llega un momento en la vida de toda mujer en que la misma se da cuenta de que absolutamente todo lo que le gusta hacer la conducirá, indefectiblemente, a que se muera de hambre. El fin de semana tuve una iluminación capitalista y saqué cálculos, estadísticas y demás. Llegué a la conclusión de que, por muy trabajadora que sea, nada de lo que hago dará grandes réditos. "Me parece que me voy a terminar casando con un millonario", le comenté a mi padre en el almuerzo. "Mejor casate con alguien que te quiera", me dijo, romántico. No sé si me hice entender. Es posible que no.

No hay que darle más vuelta

Hoy la vida me sonríe y me canta Você é linda de Caetano Veloso.

jueves, diciembre 06, 2007

Excesivo

Que sale en cualquier línea de los límites de lo ordinario o de lo lícito.

feliz primavera
feliz verano
feliz navidad
feliz casamiento
feliz graduación
feliz año nuevo
feliz día de reyes
feliz aniversario
feliz cumpleaños


miércoles, diciembre 05, 2007

El juego de las oraciones con sonidos similares

(producto de una tarde aburrida en marzo, lo encontré recién y me dieron ganas de postearlo)

“Las cosas cortas son las más cálidas y confidenciales pero también son crueles y caprichosas”, me dijo un muchacho medio mareado un miércoles mientras manejaba por Monroe. Y yo, que no creía en conexiones cortas ni en coincidencias, conseguí una constancia para no concurrir por cuatro días a la cafetería donde cocinaba y servía capuccinos. Catorce horas después, estaba en la cabina del Concorde de Continental Airlines conociendo al comandante con el claro objetivo de cruzar el continente para conversar cara a cara con Clemente, mi curiosa conquista, en el cordón de la cuadra de su casa.

A Nueva York llegué nerviosa, neurótica y con olor a nicotina en los nudillos. Me sentía narcotizada como en una novela en esa región tan notoria del norte. Durante el vuelo, viajamos a una velocidad bastante violenta. Sin embargo, cuando bajamos del avión, para variar, las valijas se vararon en la bodega y entre varios pasajeros valientes nos vaciamos veinte botellas de vino hasta que por fin vislumbramos los bolsos. Nevaba y había nubarrones negros. Ebrios, estábamos todos en excelente estado y no experimentábamos ni la evaporación del aire que exhalábamos, ni la equidistancia entre los hemisferios o la época de heladas. No dejamos intervenir a los intrépidos que nos informaban que el invierno era insoportable y que en algún instante nos veríamos impulsados a ingerir infusiones insistentemente o a invadir un iglú y permanecer inmóviles, hibernando.

El hotel era opulento y estaba ornamentado con objetos originales de color ocre como una orquesta de osos o una ostra oxidada. En la confitería convidaban confites, caramelos y chocolate caliente. Estaba en Midtown Manhattan, a media manzana del metro y no muchos minutos del MoMa. Ese mediodía, marqué el número del nórdico y le di con naturalidad la noticia de que estaba en su nido natal. “¡Ninfa!”, me nombraba, nostálgico. Quedamos en ir a comer a la quinta avenida a las cuatro. De cualquier manera, a las cuatro y cuarenta yo me encontraba en el cuarto con el calzado y la campera puesta, cansada y congelada abajo del cubrecama, y Clemente no concurría. Traje el teléfono de un tirón y tomé el tubo. Lo llamé. Era el colmo: estaba en su casa componiendo una canción sobre el contraste de colores en el cubismo. Ese chico no era cuerdo.


The sock gap

Jeff: —Okay, have you thought about your full play yet?
Patrick: —What do you mean by full play?
Jeff: —What do you think I mean? I mean, when exactly do you take your socks off? My advice is to take them off right after your shoes and before your trousers. That’s the sock gap. Miss it, and suddenly you are a naked man in socks. No self-respecting woman will ever let a naked man in socks do the squelchy with her.

silly wabbit wascally wabbit

video

martes, diciembre 04, 2007

En busca del niño maqueta

Everyone's heart gets broken. When mine is, I go running. Running evaporates water from the body. So there's none left for tears.

En el verano y en primavera me encanta tomar helados. Sola o acompañada, lo importante es el acto de comer el helado y después el cucurucho. No entiendo a la gente que deja el cucurucho. Mi gusto preferido, lejos, es el dulce de leche granizado. Cuando voy al trabajo, a veces paro en un kiosco y me compro un helado de agua o un bombón helado. Igual lo mejor es toda la ceremonia de ir a la heladería a la tarde, con amigas o con algún muchacho. Está bueno cuando hay confianza y podés pedirte sabores bomba o, incluso, bañar el helado en salsa de chocolate sin importar el quédirán. Me acuerdo de un verano que pasé con M en Mar del Plata. Una noche fuimos a la heladería Italia, en Alem, y nos comimos dos cannolis cada uno. Un asco. Pero bueno, había confianza.

¿Ves? Ahora le tenés fobia a las relaciones estables pero la pasabas bien en esa época. Dos años. Un noviazgo redondo. En verdad, corté dos días antes de cumplir el aniversario. Después volvimos. A los dos meses cortamos. Voy a jugarle al dos en la quiniela. Como tenía que ser, todo se pudrió el día que me enganché con otro. Todos los noviazgos terminan así. Uno de los dos se engancha con otro u otra. Nadie dice nada para no herir al cónyuge pero en realidad es eso. El “otro” puede ser real o inventado, platónico, eso no importa. Pero siempre existe la idea de que hay algo mejor ahí afuera. Por eso mi madre, que siempre da en la tecla, el otro día me dijo: “Vos seguís enamorada del Otro” –con entonación de telenovela. Y yo, fingiendo ser la hija no reconocida de Andrea del Boca y Umberto Eco, le respondí: “No. No del otro sino del Concepto del Otro.”

Creo que el discurso fóbico surge como una especie de resignación. Cantidad no es calidad, no señores. A mayor oferta y menor demanda, se genera un excedente y esto lleva a una baja en el precio de los productos y servicios. Es la ley económica por excelencia. Mi madre opina que tengo que dejar de preocuparme por mi creciente indiferencia. "En algún lugar está,” dice. Y yo, entonces, me pregunto dónde está y qué está haciendo, por ejemplo. ¿Es alto? ¿Es flaco? ¿Es pelirrojo? ¿Tiene barba? ¿Usa anteojos? ¡Es Philippe!

Mi ex anda cumpliendo años por estos días. ¿Quedaré como que estoy muy pendiente si lo llamo después de las doce? Si usted fue la que cortó, la respuesta es no; de lo contrario, usted debe llamar a última hora. Bueno, entonces 12 y 20 lo llamo. Peor es mi amiga Celeste, que está obsesionada con un verdulero joven que tiene su local cerca de la facultad y se parece a Bob Patiño. Ella tiene todas las paredes de su monoambiente empapeladas con dibujos que se dedica a hacer en su tiempo libre. En la mayoría de ellos se ve a un chico de melena gigante vendiéndole frutas a señoras mayores adornadas con collares de perlas.

lunes, diciembre 03, 2007

¿En otra vida me llamaría Lula Mae?

No puedo evitar llorar cada vez que me golpeo contra un objeto. Es un reflejo, automático, o también puede ser un resabio de la infancia o un capricho de hija única. Hoy, por ejemplo, saliendo del baño del trabajo me estampé la puerta contra la nariz. A veces soy muy torpe. Lo que pasa es que la puerta se abre para adentro y yo tiré del picaporte antes de girar la cabeza y cuando quise mirar hacia la salida, me di la cara contra la madera. Y ahí me puse a llorar. Como una nena. Al rato me empecé a reir porque sola en ese baño, con lágrimas cayendo por las mejillas, la pollera sin acomodar, a oscuras y rodeada de azulejos celestes de dos décadas atrás, nadie hubiera dicho que después iba a seguir trabajando como si nada. Pero bueno, no sé, me sale así. Es como decía Clarice Lispector: "Nada puedo hacer, parece que hay en mí un lado infantil que no crece más."

Momento "cuchilú"

domingo, diciembre 02, 2007

El simulacro del Tío Vicente



Usé tacos. O bien: usé tacos, pollera y remera elegante en el contexto de una fiesta de graduación en una casa en San Isidro. Fue como asistir a una fiesta de quince pero varios años después. Había antorchas de fuego iluminando el jardín, catering (Katherine) y un montón de recipientes que me quería llevar para mí. No pude parar de pensar si ocupaba más lugar la comida o las miles de cazuelas y tazas chinas donde servían todo. El menú incluía champagne y vino tinto libre, selección de canapés fríos y calientes, crepe de espinaca, ensalada tibia con mollejas y camarones, flan de queso gruyere y calabaza, estación de fajitas, ñoquis negros con salsa cuatro quesos, supremas de pavo y jamón cocido con variedad de panes y salsas, suprema de pollo en salsa de puerros, lomo sobre peperonata, servicio de rechaud, mesa de quesos y frutas, fondue de chocolate, apple pie con helado, café y crocantitos de avena y coco, clásico flan italiano y zócalo de merengue con helado.

El repertorio musical osciló entre temas clásicos y modernos. El clímax fue cuando pasaron "La pachanga" de Vilma Palma e Vampiros y Locomía: Disco Ibiza Locomía / Moda Ibiza Locomía / Loco Ibiza Locomía / Sexo Ibiza Locomía. Alrededor de las cuatro de la mañana tiraron a la homenajeada a la pileta. A la media hora caí yo y a esa altura ya todos los comensales estaban en el agua. Un rato después, con una amiga emprendimos el regreso. En el camino, ella me contaba cómo había llamado al bedel de su facultad "Señor Bedelía" durante casi tres años porque desconocía la palabra y pensaba que el cartel de "Bedelía" en la puerta indicaba su apellido.

Cuando estábamos a punto de salir de la Lugones, mi amiga anunció que se había roto el acelerador, así como quien comenta que tiene caspa o que le pica la oreja. En Libertador y Blanco Encalada se nos quedó el auto. Un tachero nos ayudó a empujarlo a un costado. Llamamos al auxilio mecánico pero tardó cerca de dos horas. Mientras esperábamos, fui a la Shell a comprar cigarrillos, coca cola, papas fritas, maní y palitos. Una vez en el auto, todavía con el pelo mojado, reclinamos los asientos hacia atrás, bajamos el volumen de la música y decidimos taparnos con una lona de playa que encontramos en el baúl. Cuando por fin llegó el remolque, me tomé un taxi hasta mi casa y el chofer no paraba de gritar "¡Viva Cristina!" mientras decía que la gente hoy día toma más taxis que nunca. La noche siguiente, pasé por la puerta de un restaurante con otra amiga y vimos a su padre recién divorciado cenando a la luz de las velas con la socia. Fue horrible. Para levantar los ánimos, nos fuimos a la fiesta de G.G. y le presenté un jujeño a mi amiga. Terminamos todos en la terraza riéndonos de nuestra deplorable condición humana.

sábado, diciembre 01, 2007

Graffiti y baños públicos

Balance académico