jueves, enero 31, 2008

Cápsulas oscuras

"Durante tardes y tardes, yo he tendido a alargar el amarillo. Amarillo + amarillo, me he dicho obsesivamente, mientras caminaba. Amarillo + amarillo = ¿amarillo?, también me he preguntado y me he vuelto a preguntar. Y siempre, mientras me he planteado esto, algunas plantas se mueven, o nunca dejo de mirar las sucias e insignificantes manchas de las aceras. Kandinsky una vez afirmó: 'Amarillo + amarillo = amarillo'. Pero yo siempre he tenido el delirio de que en mi caso no es así. Siempre he tenido el delirio de que en mi caso Amarillo + amarillo, quizás podría ser un pozo. Un pozo bajo un aire ligero, en un mediodía del campo, cercano a Jagüey Grande. O Kandinsky ha afirmado: 'Amarillo + amarillo + amarillo = gris. (La vista se cansa de tanto amarillo)'. Pero resulta que para mí podría no ser lo mismo. Pues resulta que para mí la cosa podría ser así: Amarillo + amarillo + amarillo = un tren. (Tren al caer la tarde, que después se convertirá en 1936.) Pero ¿cómo podría resolver esta contradicción con Kandinsky? Por lo pronto, antes que nada, debo construir una cápsula. Una cápsula tendría que ser la solución. Una cápsula donde metería lo amarillo, y lo amarillo, y un pozo, y lo gris, y el campo cercano, y hasta 1936. Una cápsula así tendría que ser la solución, no hay duda."

L.G.V.

Neverland

Costó volver. En especial porque, cansada de las ciudades, me quise hacer la hippie e ir a vivir en comunidad y todo eso. La noche anterior a la partida estuve hasta tarde sin poder dormir; hice la mochila a los apurones veinte minutos antes de irme. Encima quise asomarme al balcón para ver cómo llovía y me pegué un resbalón terrible. Hoy, de regreso, mientras viajaba en el colectivo, sentía el paisaje mucho más imponente. La verdad es que me da una pena terrible volver a trabajar. Hace tres días que tengo el pecho cerrado y me cuesta un poco respirar (oh, sí, a la nona le duele todo). Siempre que me pongo nerviosa me pasa lo mismo. La doctora una vez me dijo que más que "faltar", a mí me sobra el aire y me recomendó que hiciera yoga. Así que el sábado voy a ir con mi vecino a la clase. Pero bueno, qué importa, acá estamos, de vuelta, con un Tía María en la mano, en chores y con un deshabillé puesto, cual Cacho Castaña, mirando la lluvia caer otra vez. Esta tarde me quise dar un baño de inmersión pero justo cayó mi tía Susi y tuve que salir disparada de la bañadera a abrirle. Pero claro. El viaje estuvo buenísimo. Conocí mucha gente, tal es así que una noche había una mezcla tan importante que alguien tiró una consigna: "Señale a su amigo". Entre otras cosas, cambié a mi músico por otro. Esto confirma que terminaré casándome con un drogón (nota mental: no mirar más Easy Rider). Estoy ligeramente bronceada; igual, como dice un amigo, factor 45 para no parecer tilinga. (Me cansé de escribir).

Le vacanze:



















Foto Marista:



Valijagate:





















Nightlife:



















Heaven or Las Vegas:







Noches pseudo-hippies:













martes, enero 15, 2008

Cerrado por vacaciones



Como diría mi jefe: "Si el trabajo fuera placentero, no nos pagarían por hacerlo". Cheers!

Diálogo conmigo misma

Conformate, nena. Es la última vez que te lo digo. No vas a encontrar lo que querés aunque busques por mar y tierra. ¿Por qué no empezás a apreciar lo que tenés alrededor? Fijate en ése, por ejemplo. Prestá atención a todos los que te miran por la calle. ¿Ninguno te gusta? ¿Por qué no le das una oportunidad a ese tan simpático que te quiere presentar tu amiga? Tu chico está en el norte, dios, y vos acá no te das por aludida. Pero no, claro, cómo te vas a preocupar si estás cegada por ese poeta de pacotilla. Ese zaparrastroso. Quién te entiende. Dejá de acomodarte el pelo atrás de la oreja, vas a quedar como Dumbo. Y sacá ese disco de Bobby Vinton, ¿querés? Es deprimente.

Diálogo con el kiosquero

—Una Ser Citrus, por favor.
—Bueno, serían dos con cincuenta.
—Acá tiene.
—(con cara de pajero) ¿Un sorbetito?
—Bueno.
—¿Una bolsa?
—No, no.
—Va directo al estómago, ¿no?
—Eh... sí. Hasta luego.

nota al pie: sor-be-ti-to.

lunes, enero 14, 2008

No sé

Es todo tan raro.

Here's looking at you, kid

*Me molesta la conversación forzada de peluquería. No me dan ganas de contarle a la chica que te lava el pelo qué hago, si estudio o si tengo novio. No quiero que el peluquero emita juicios sobre el estado de mi flequillo ni que comente que soy "rápida para hacer los mandados". No quiero. No.

Regalos recibidos por estos días:
- 1 caja de pañuelos
- 1 caja de Ibupirac
- 1 antifaz para taparse los ojos en el avión
- 1 birome con una luz azul fluorescente
- 1 birome con la cara de una vaca
- 1 paquete de caramelos
- 1 chocolate
- 1 vestido rojo como el de Anna Karina en Pierrot le Fou
- 1 caja para guardar aros
- 1 camisa a lunares manga corta
- 1 libro de Shrigley
- 1 cuaderno tapa dura con hojas de colores
- 1 agenda artesanal
- 2 polleras
- 2 corpiños
- 3 remeras

pd1: me acabo de tropezar enfrente de todo el mundo pero estaban todos muy concentrados y nadie se dio cuenta. creo que no me lo merezco.

pd2: dios, confundí la versión de pipilotti rist de "wicked game" con mi madre cantando.

sábado, enero 12, 2008

viernes, enero 11, 2008

Bon anniversaire

"La vida es larga pero la juventud es corta"

jueves, enero 10, 2008

Hop-on, hop-off

And if a double-decker bus
Crashes into us
To die by your side
Is such a heavenly way to die

¿Cuál es el último-último pensamiento antes de quedarse dormido? A lo mejor ni siquiera es una imagen sino esos chispazos de luz que aparecen por la noche a lo test de Roscharch. En cualquiera de los dos casos, estoy convencida de que significan algo; una especie de señal cósmica o los secretos de un existencia larga y dichosa. No sé. Todavía no logré descifrar el código. Anoche quería ver si por primera vez en la vida podía registrar esa imagen final. Pensé en dejar el celular sobre la mesa de luz por si quería anotar algo pero descarté la idea porque estaba muy cansada y no podía ni moverme. Pocas horas atrás, empapada bajo la lluvia, corriendo hacia la parada de colectivo sobre Paseo Colón, pensando en la película de Cristian Mungiu, escuchando Morrisey y haciéndole ojitos a dos chicos que entraban al Claridge Hotel; así, desprolija y despeinada, se me ocurrió que este año tienen que pasar cosas buenas y que lo mejor todavía está por venir. El momento era ideal para refugiarse abajo de un techo y encender un cigarrillo, pero lamentablemente abandoné el hábito. Lo malo de dejar de fumar es que, en casos como éste, la escena pierde color. Podría haberme llevado un Philip Morris a la boca o haberme acercado a un joven a pedirle fuego. En cambio, sólo me surgió acercar mi mano derecha a la cara y morderme las uñas como una nena. No hay que dejar de fumar. Al principio uno se siente más saludable, con los pulmones limpios, sin tos ni dientes amarillos, pero el cuerpo... el cuerpo necesita nicotina y pronto empieza a enviar señales. Las piernas se debilitan, los ex fumadores se tropiezan con más facilidad, pierden el colectivo, caminan nerviosos en círculos y sienten que los brazos les incomodan. No hay que dejar de fumar. El cuerpo toma revancha.*



*momento sponsoreado por tabacaleras.

miércoles, enero 09, 2008

Meme

Entretanto me pasó un meme que me pareció muy original. Se trata de mostrar lo que hay en el escitorio de la computadora. Cuando empecé a leerlo, pensé que debía hacer una descripción pormenorizada de los elementos dispersos sobre el escritorio de madera; pero no, se refería al escritorio de la PC nomás. A ver, mi fondo de pantalla es un cuadro de Kirchner, no de Néstor sino de Ernst Ludwig, el pintor expresionista alemán. El escritorio está lleno de carpetas y archivos sueltos sin un destino claro que fueron a parar ahí. Éste es el caso de la foto de los Kirchner (la pareja presidencial) durante la asunción de Cristina. La tuve que usar para un trabajo y no sé por qué al final quedó ahí. Lo mismo ocurrió con la imagen del Eternauta, de Hello Kitty, el afiche de la obra de danza de mi amigo Facu y el retrato de Ryan O'Neal y su hija, Tatum O'Neal, en la película "Papermoon".

¿Qué más? Guardo el modelo de un formulario divertido para enviar a los amigos, el libro de mi amigo Jeff Barry en pdf, las bases para un concurso de guiones y otro de cuentos, mi Curriculum Vitae, la novela "El paseo" de Robert Walser, un audio de Ara Shirinyan leyendo poesía, "Pages" de Aram Saroyan, un archivo con los caracteres de No tengo enie de Lucas Worcel, un proyecto del Nero con música portuguesa de Maria João, Dulce Pontes y Madredeus y una carpeta con mp3.

That's all folks! Se lo paso a todos los que tengan ganas de hacerlo y se lo dedico "a todos los que me conocen".



E. Kirchner.

martes, enero 08, 2008

Balances y balanzas

Do you like me?
Yes, and you?
Yes, yes.

A pocos días de abandonar para siempre mis 22 años, me descubro tranquila y de lo más estable; nada de grandes sobresaltos ni historias románticas surreales. Las cosas están muy calmas y hace bastante que no se me pianta un lagrimón. Esto puede ser bueno o malo, depende de cómo se lo mire. Por un lado, me puedo concentrar en leer muchos libros, salir a caminar y comer chocolate en rama por la noche —todo sin que se disparen recuerdos tristes y demás. Por otro lado, me aburre estar así. Pienso en que hace doce meses atrás abandonaba mis veintiuno en Nueva Zelanda, bañada en lágrimas y convencida de que mi vida era una tragedia griega. Bien por el contrario, hoy esa imagen me causa mucha gracia y ternura a la vez.

De todas formas, mi intención no es sacar conclusiones ni hacer balances. Ese papel lo cumplí hace tiempo, durante la primaria, cuando la directora del colegio me hacía escribir una carilla sobre el año que concluía, para publicar en el anuario escolar. Me acuerdo de que casi siempre ponía lo mismo, algo muy malo sobre un barco que se iba navegando por el mar y se perdía en el horizonte. Un año la limé y hablé sobre un lagarto que se escondía en el ventiluz de un baño. Me reservo los comentarios al respecto. No quiero parecer una drogona, tenía once años. Tampoco quiero quedar como esas mujeres desconocidas que se sientan al lado de uno en el micro o en el avión y no dejan de hablar de su vida durante todo el trayecto. Yo no soy así. Soy más bien reservada; estoy del lado de los que escuchan en silencio a la mujer del micro y a la noche son acechados por sus comentarios.

¿Cuál es mi intención, entonces? ¿Escribir un ensayo? ¿Estoy tratando de probar algo? ¿Por qué siempre tiene que haber una conclusión? Aunque parezca colgado, tal vez mi problema sea que cuando veo una película y me gusta, inmediatamente me bajo la banda de sonido. Esto genera una confusión importante en mi vida porque después escucho temas de Ennio Morricone o de Jon Brion mientras hago mis cosas y empiezo a confundir la ficción con la realidad. Este hábito constituye el gran demonio de mi existencia. La vida del hombre moderno se ve constantemente amenazada por el mito de la narrativa y del guión literario. Uno se cree que vive las historias de los libros y las películas. Crecemos convencidos de que todo tiene que tener una introducción, un nudo y un desenlace. Esperamos que las presentaciones de personas nos conduzcan a algún lado, que las conversaciones lleguen a un clímax y que las relaciones de pareja terminen con una fiesta de casamiento para doscientas personas y los novios saltando en una silla. Pero no siempre sucede así. Es más, en el noventa por ciento de los casos me atrevo a decir que esto no es cierto. La mayoría de las historias quedan abiertas, inconclusas o con algún asunto pendiente de por medio.

Esto de escribir posts compulsivamente y vomitar todos los pensamientos en la pantalla no es narcisismo. Sería mucho mejor ser citada que citar a otros; ser parafraseada, fotografiada y vista a través de copas de champagne en fiestas organizadas en departamentos antiguos para grupos selectos de artistas. No me imagino a Norah Lange ni a Alejandra Pizarnik sentadas frente al monitor de plasma hablando de forma monótona sobre tantas nimiedades. Lo más parecido al plasma que estas damas conocieron fue un encendedor de cigarrillo. Sin embargo, a pesar de la visión de algunos tecnófobos y de la imagen de las cejas pintadas con delineador azul de la directora del colegio, no me doy por vencida. Prefiero que por ahora todo sea así: sin conclusión, sin exotismo y sin drama. Estoy segura de que Norah Lange y Alejandra Pizarnik lo entenderían.

Cantando por un sueño

dai-
sy
dai-
sy
give
me
your
answer
trueeee

i'm
half
crazy
all
for
the
love
of
youuuu

it won't be a stylish marriage
i can't afford a carriage


but
you'll
look
sweet
upon
the
seat
of

a
bicycle
built
for
twoooo

II

"Yo jamás podría ser un 'dandy', ni siquiera extendiendo a su máxima amplitud la definición del término. Me lo impediría mi desaliño, mi desinterés por la ropa, mis modales aparatosos, lo desaforado de mi conversación, el tono patético que domina mis transacciones con el prójimo… Podría seguir.

Pero además, aunque esto parezca lo de la zorra y las uvas, no quiero serlo. No tanto porque no me gusta la actitud distanciada, cuidadosa, deliberada, en el fondo limitada, del dandy, como por un motivo muy específico, que tiene que ver con el ridículo.

El rasgo que mejor define al dandy es su evitación del ridículo. Ese es su alfa y su omega. Y yo tengo por fundamental la experiencia del ridículo; de hacerlo, no de presenciarlo o examinarlo. Le doy tanta importancia porque es la experiencia clásica, el modelo, del deseo de volver atrás en el tiempo. El que ha hecho el ridículo, y lo sabe (siempre lo sabe), no quiere otra cosa que trasladarse mágicamente atrás, al instante anterior al que dijo o hizo lo irrevocable. Hay muchas circunstancias en las que uno querría volver atrás en el tiempo; pero sólo cuando se ha caído en el ridículo, en el más atroz (siempre lo es), ese deseo se manifiesta ardiente, devorador, en la carne, a la vez que se lo sabe imposible. En otros casos puede ser un mero fantaseo, una especulación; gracias al ridículo, encarna como experiencia vital. Y el que no ha tenido esa experiencia no puede saber lo que es la literaura, al menos como yo la entiendo."

César Aira. Octubre, 2007

Hide and seek

¿Quién contaba bien —lo que se dice "contar bien"— cuando jugaba a las escondidas?
Yo no. Yo contaba toda apurada undotrsctrocincseisietochonuediedostrescatorquindicisedicisidicinuveintyundostresctcinsietochtrintcuarentciencunsesetcien.

Terciopelo underground

"¡A comer!", gritan, y me levanto rápido de la silla, busco el plato y los cubiertos del cajón de mi escritorio, subo corriendo de dos en dos las escaleras y me abalanzo sobre mi porción de comida en la mesa de la cafetería. "¡A comer!", y todos los días se repite el mismo ritual. Necesito que alguien me explique por qué todavía sigo en el trabajo siendo casi las doce de la noche.

lunes, enero 07, 2008

Actividades para una tarde aburrida de enero

Cuando hay sol fuerte o está la luz prendida, me gusta mirar un objeto por un rato y después cerrar los ojos y tratar de retener la forma para verlo a oscuras. No como un recuerdo sino como una sombra; el objetivo es que aparezca relampagueando entre medio de una lluvia de puntos amarillos, naranjas y rojos que varían en intensidad. También está bueno frotarse mucho los ojos, cerrarlos con fuerza y después quedarse viendo (sin estar mirando nada) cómo se desplazan los puntos de luz sobre el fondo oscuro. Está muy bien, es divertido. Y es gratis.

sábado, enero 05, 2008

Family business

Mi madre dixit: "Ejem, ejem... qué pintadita que te viniste..."
(como quien dice: "Ejem, ejem... qué putita que me saliste...").

ps: Con ustedes, mi doble.

Duda existencial

¿Hay que desconfiar de un hombre que habla como jujeño cuando no es jujeño?

Ocho cosas personales

Le sigo la corriente a Chili Soup

1) Me apuro cuando estoy por tomar el ascensor y veo que se acerca un vecino, para no viajar acompañada.
2) A veces, en la playa, me seco los mocos con el toallón (vamos, todo el mundo lo hace).
3) Busco al hombre de mi vida en fiestas gay (léase Brandon/Plop).
4) Lloré en la escena del casamiento de "El padre de la novia".
5) Mi madre no recuerda cuántos años tengo.
6) Me indispuse por primera vez en un palacio (epa).
7) Durante mucho tiempo, llamaba a la casa de mi ex y cortaba para escucharle la voz, o marcaba el número del celular para escuchar el contestador (dios, sí, es patético).*
8) No me gusta el queso rallado, los fideos con tuco, el ketchup, la mostaza, el vinagre, la sprite, la paso de los toros, las hamburguesas con queso, los churros con dulce de leche, los panqueques, las tortas frutales, las milanesas con limón.

*Quiero expandir este punto. Este hábito (porque llegó un momento en el que ya era una costumbre) se terminó el día en que mi ex me llamó y me dijo: "Che, hay alguien que está llamando y cortando a mi casa constantemente. No sé si sos vos, pero bueno, por las dudas te aviso para que dejen de hacerlo". Obviamente, negué todo descaradamente y le dije que a mí jamás se me había cruzado por la cabeza hacer tal cosa. El problema fue que a partir de ese instante se me presentó un dilema porque cualquier cosa que hiciera iba a tener consecuencias nefastas en el desarrollo de los acontecimientos. Si dejaba de llamar, era obvio que era yo. Pero, por otro lado, si seguía llamando y cortando me iba a sentir una completa pelotuda. Entonces, ¿qué hice? Llamé algunas veces más y me sentí una completa pelotuda, por supuesto. Después lo hablé con un par de amigas y descubrí que yo no era la única que tenía esta costumbre. Un alivio.

viernes, enero 04, 2008

Fuegos artificiales

La vuelta a casa

Alem y Córdoba. 23 hs. Subiendo al 152.

—Ochenta, por favor.
—¿Cuánto?
—Ochenta.
—¿Adónde vas, nena?
—A Cabildo y José Hernández.
—(de mal humor) Un peso, eh, un peso.

Un rato más tarde...
Memorables líneas de mi madre, tras comentarle lo sucedido:
"Qué cabeza, Laura. ¿Sabés qué? Tendrías que haberle dicho 'papito' al chofer. Eso les encanta."

Nota al pie: Creo que durante mi ausencia alguien secuestró a mi verdadera madre y puso a Moria Casán en su lugar. Exijo resarcimiento moral y económico.

jueves, enero 03, 2008

Il dolce far niente

Vuelvo en barco de la tierra del Colet y las galletitas Bridge. Es de noche y afuera llueve. Al lado mío, una chica se ríe de la propaganda de Personal que pasan por la tele, atrás hay dos chicos que comen papas fritas y dejan un olor horrible. La gente camina impaciente por los pasillos, una señora mira con malos ojos que mi mochila ocupe un asiento entero, otra se da vuelta para comentarme que le parece una barbaridad que el buque se haya retrasado tanto. Por los parlantes un voz femenina pide un aplauso para un miembro de la tripulación que cumple años. La gente se emociona y chifla. Yo voy al free shop y compro chocolates, té, pastillas frutales, Kit Kat y caramelos Rolo. Después me pogo a dibujar hasta que una chica se acerca y me pide que le cuide las cosas. Pienso que tengo que volver al trabajo y me quiero matar.

La dolce vita. A la ida todo se complicó un poco porque casi pierdo el barco. Cuando por fin pisé tierra firme, me encontré con Nat y nos fuimos por la ruta cantando canciones de los '90 y manteniendo conversaciones en italiano. "Io voglio un uomo dell' Italia, ma gli italiani sono tutti peccatori e li piacciono molto le donne." Tengo un problema con mi amiga. La quiero y todo, pero maneja muy mal y demasiado rápido. Me pregunta: "Ana, ¿para vos manejo mal?" Está traumada porque el ex novio le confesó que le daba miedo viajar en su auto. El nuevo todavía no probó el paseo. Igual no sé si va a tener la suerte de subirse a su auto poque, según cuenta, el pibe tiene cara de Muppet y ella no puede tomarlo en serio. A mí, en cambio, me caería bien, pero bueno, sobre gustos no hay nada escrito.

No sé qué contar del viaje. Hicimos música con botellas, nos metimos al mar todos los días y a la noche paseamos por el campo en penumbras. Retomamos las caminatas nocturnas al faro como solíamos hacer antes, navegamos, hicimos snorkel en los corales, recorrimos un cementerio antiguo y practicamos yoga con un australiano. Salí a correr todos los días y festejamos año nuevo en la playa. Esa misma noche perdimos a uno de los chicos y lo encontramos al día siguiente durmiendo en el jardín de un ilustre desconocido. Me hice amiga de los insectos. Tomé agua con limón. Igual, sin duda, el personaje de la semana fue un pibe que se vestía como si fuera un italiano de película de los años '50. Estaba siempre con un sombrero de paja, camisa a rayas abierta y shorts muy cortos y apretados. Había estudiado cine en Rusia. No sé. Muy loco. Lo conocí en la playa. Se quiso hacer el interesante y me empezó a hablar de Leopoldo Marechal. La cantidad de cosas raras que pueden pasar en un solo día no deja de asombrarme.