Con Ramiro salimos en dos ocasiones nada más, el año pasado. La primera vez lo invité al cumpleaños de una amiga que festejaba en un bar. Yo me quería matar porque ni lo conocía, cayó solo y se me pegó toda la noche. Encima tenía poca plata e insistía en tomar un Fernet. O sea, si sos rata bancátela y no tomes nada, pero no me vengas a manguear tragos a mí. Me pregunto si seré el tipo de mujer que en el futuro va a mantener a su marido. Espero poder compartir gastos. El otro día una amiga me estaba hablando de una película o de una terapia (no me acuerdo bien) y me dijo: "Es muy útil para nosotras, que somos mujeres con un montón de características masculinas". Masculinas. Ahá.
Bueno, retomo, el tema es que este Ramiro era tan pero tan rata que la segunda vez que nos vimos propuso ir a tomar algo... al río. Así que nos fuimos con el "equipo de mate" (como dice mi padre) y nos sentamos a contemplar el agua, rodeados de tórtolos que se revolcaban felices en el pasto. En un momento empezó a soplar viento y a hacer frío y me sugirió ir a su casa para seguir tomando mate ahí. La cosa es que este pibe tenía planeado irse a trabajar afuera y quedarse unos meses. Se iba exactamente tres días después. Pero además había algo en su persona no terminaba de convencerme. ¿Qué cosa? No tenía memoria a largo ni corto plazo, era un desbolado, usaba alpargatas y unos anteojos de sol redondos a lo John Lennon. Sin embargo, accedí a ir a la casa, aunque conocía sus intenciones. ¿Por qué? Porque estábamos a dos cuadras y porque soy una pelotuda básicamente. Así que llegamos, me mostró sus plantas, su terraza, su cocina y su cuarto. Bien, en ese momento se me ocurrió que no tenía ganas de estar con él. Al mismo tiempo, un poco de ganas tenía, pero no las suficientes. Estaba con otras cosas en la cabeza. El pibe me hablaba y yo pensaba que sí que no que sí que no. Mi lado más "salvaje" (?) decía basta de pensarlo todo, que sea lo que sea, comportate como una chica moderna, no seas tan vueltera. Mi lado más castrador decía que no, que después no te toman en serio, que este pibe es un pelotudo y encima es un tacaño.
¿Qué hice, entonces? Agarré y me fui. Dije que tenía una cena y que me tenía que ir. Me acompañó hasta la parada de colectivo (el miserable no iba a invertir ochenta centavos en un boleto). Nos despedimos. No habían pasado quince minutos cuando me manda un mensaje diciendo: "Todavía no entiendo cómo no pasó nada en mi casa..." (así, con puntos suspensivos pero sin tildes). Y ahí yo pensé: "Pero, por favor, querido, sé un poco más delicado. Así no vas a conseguir nada." Ni le contesté, ¿qué le iba a decir?: "¿En serio? No me di cuenta". No. No había respuesta.
Traje todo esto a colación porque este chico acaba de volver de viaje y estoy debatiendo conmigo misma si quiero verlo o no. Juro que no sé lo que me pasa. Realmente estoy de lo más confundida. No quiero ser una mujerzuela. Debería tratarlo con mi analista pero está de vacaciones. Insisto en que el problema es pensar demasiado en todo.
