lunes, julio 20, 2009

Epitafio

Éste es el post de despedida que hace más de un año quiero escribir pero nunca encuentro el momento. Como no me sale pensar demasiado antes de empezar a apretar las teclas de la computadora, lo voy a hacer como pueda.

Empecé a escribir en este espacio hace tres años, después de estar varios meses leyendo sin interrupción algunos blogs que fui descubriendo al azar y que más tarde, entendí, estaban todos conectados. Creo que al primer blog que descubrí fue al de Mer, googleando a Faye Wong después de ver 2046. Me leí todas las entradas y a través de los links llegué al blog de Chica eléctrica, Lola y Puta del orto. Oh... qué felicidad. De repente sentí que había un montón de gente muy parecida a mí, relatando sus andanzas cotidianas y los pormenores de sus vidas. Fue raro lo de sentirse cercana a gente que ni siquiera conocía. A mí siempre me gustaron las autobiografías, especialmente las de mujeres, y leí muchas a lo largo de estos años. A su vez, siempre tuve una obsesión con los diarios y el hecho de conservar la memoria. Desde siempre me dediqué a llenar páginas y páginas de cuadernos en los que contaba en detalle lo que había hecho, las cosas que había visto durante el día, las personas que había conocido y los momentos que no quería olvidar. De chica tenía un grabador en el que registraba las voces de mis conocidos y las conversaciones que tenía con los demás. Me acuerdo de que me juntaba con una amiga y, a escondidas, jugábamos a escribir la conversación que mantenían nuestras madres durante una hora.

Por eso, no tardé mucho en abrir mi propio espacio. Al principio no sabía bien para qué lo iba a usar, qué cosas de mi vida iba a contar y con qué estilo. No le dije a nadie de la existencia del blog, me refugié en el anonimato, lo cual me dio libertad para escribir lo que quería (aunque uno siempre se censura y hace un recorte de su vida). Tampoco habilité los comentarios, en un principio porque no me comentaba nadie, y después de puro egocentrismo, no quería explicar nada y me daba pudor el costado interactivo. Empecé a comentar en algunos blogs y así fui ganando adeptos, hasta que de golpe me vi envuelta en una red de contactos maravillosa, gente que no conocía personalmente pero con la que nos leíamos a diario y a la que yo veía divertirse, angustiarse, enamorarse, desenamorarse, recibirse, viajar, crecer.

Tuve una época de crisis existencial en la que rompí algunos vínculos fuertes que tenía en ese momento y me sentí muy sola. Ese año le dediqué muchas horas a escribir en el blog. Salía y quería llegar a mi casa para poder transformar esas vivencias en algo catártico y divertido. El sitio de pronto se había convertido en una suerte de confesionario y los lectores, mi excusa perfecta. Yo estaba cursando un taller literario, por lo tanto pasaba muchas horas a la semana escribiendo textos, pero con el blog era distinto. La angustia, entretanto, fue cediéndole el paso a la risa. Recuerdo una etapa muy divertida, de muchas salidas y pocas preocupaciones. Me permití reírme de mí misma e inventarme un personaje tal como yo quería: la real -Ana- y el personaje -Wu- sin que nadie me corrigiera o editara los textos, sin enfrentarme al fantasma del otro.

El anonimato no duró mucho tiempo. De a poco me fui saliendo de ese personaje que había construido y acepté algunos encuentros con gente que me leía o a la que yo leía. De ahí surgieron amistades que aún hoy conservo, gente a la que le perdí el rastro, citas, acercamientos, cafés, salidas nocturnas, cenas, desilusiones, amor. Al mismo tiempo, algunos conocidos llegaron por casualidad a este espacio y yo casi muero de vergüenza. Era como que quedaba demasiado expuesta ante los demás y esto me daba pánico. Hubo una época en la que estaba convencida de que varios de mis conocidos habían descubierto el sitio y no me decían nada, sino que se limitaban a leer en silencio. La pasaba mal pensando estas cosas, porque era mucho lo que yo había depositado en este espacio. Tal como tenía que ser, y como dicta la Ley de Murphy, los que llegaron acá eran los que no tenían que llegar y leyeron lo que no tenían que leer. Hice sufrir a algunas personas a las que apreciaba mucho y me sentía súper culpable porque no sabía cómo hacer entender, a alguien que estaba por fuera de este "circuito", lo importante y satisfactorio que podía resultar el hecho de mantener un espacio tan íntimo abierto al público.

Como todo tiene un ciclo, llegó un momento en el que se abrió otra etapa de mi vida. Sentí que no podía mantener el mismo estilo ni la frecuencia de escritura. Yo había cambiado; me sentaba a escribir pero no encontraba las palabras. Por eso estuve en silencio bastante tiempo o escribiendo en otros sitios abiertos sólo para mí. En fin, este espacio podría haber quedado así sin más, sin necesidad de estos párrafos a modo de cierre. Pero a mí siempre me gustó ponerle el punto final a las cosas; no soy de las que dejan historias abiertas ni proyectos inconclusos sino de las que cierran etapas e inician otras. Por eso, me despido y dejo abierto el espacio para todos los que se sientan a gusto entrando y leyendo o para los que, como yo, alguna vez se sintieron "como en casa" en un lugar ajeno y quieren hacer sus propias lecturas de las cosas. Porque al final las palabras, como los recuerdos, no están muertas sino que se resignifican a cada instante y con cada nueva interpretación. Así que si todavía existen lectores de blogs que no tienen uno propio, el mío se lo dedico a ellos. A ellos y a la Nenita Superpoderosa.
Ah, y no me voy, me mudo acá:
www.ustedoyeperonoescucha.blogspot.com
Au revoir!